viernes, enero 27, 2012
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La entrada de hoy la dedicare a uno de los relatos escritos por mi, algo de mi puño y letra. 


"Había algo en su maldita mirada que hacía que mi sangre hirviera descontroladamente, había algo que me exaltaba, me repugnaba y que solo provocaba un frenesí violento dentro de mi. Antes de saber bien que era, antes incluso de que palabra alguna saliera de su deforme boca, apreté los puños haciéndome crujir los dedos de la fuerza, los dientes me rechinaron al cerrar la boca, di un paso hacia atrás y me lance sobre él con todo el impulso que mis musculosas piernas podían aguantar. Le salté encima. Un puñetazo en la mejilla derecha le hizo tambalear y perder el equilibrio, un segundo golpe con el puño izquierdo falló su mandíbula. El fallo me costó tiempo y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, me propinó un buen golpe entre las costillas. El dolor me entrecorto la respiración, pero me dio el tiempo necesario para poder echarme dos pasos hacia atrás y recuperar el aliento. Pude ver su cara, estaba impresionado, excitado y desconcertado. ¿Qué había ocurrido? Yo tampoco lo sé, lo único que es que mis instintos hicieron salir el animal que todos llevamos dentro. Le miré los ojos, y pude distinguir el frío sentimiento que las bestias más fieras llevan dentro. Lancé otro ataque, no podía perdonar, no podía flaquear, al menos es lo que mis instintos me decían. Lo embestí con todas mis fuerzas haciéndole caer al suelo. La caída fue dura, pero en la embestida pude notar como todos mis músculos acumulaban una tensión sobrehumana que me hizo rugir como un león sediento de sangre al notar el contacto. Me quedé de pie mirándole tendido en el suelo, sacudiendo su cabeza. Era el momento de atacar, podría hacerlo y todo se acabaría, tendría una ventaja más. Pero no lo hice. Algo me paró, algo que me dejó paralizado en el sitio pero aún con el sentimiento feroz de una bestia invencible. ¿Qué era eso? Mi cuerpo actuaba de forma extraña, pero en mi mente, en algún rincón de mi cerebro aún parpadeaba una pizca de razón. ¿La razón es animal o humana? ¿Y que es humano y que es inhumano? En aquel momento todo estaba negro y oscuro, pero la luz que parpadeaba al final de la oscuridad me paró y me hizo esperar a que él se pusiera de pie, como si de un acto honorable se tratara. Esperé. Le dejé que se levantara. Mis dientes rechinaban de tanto apretarlos y de mis palmas pequeñas gotas de sangre corrían por entre mis dedos a causa de la fuerza. Al ponerse en pie sus ojos me miraron con furia y desprecio, en el había despertado la bestia más horrible que jamás veremos algún día. Se abalanzo hacia mí, lo esquivé y lo agarré por el cuello de la americana en el momento en el que pasó por mi lado. Tiré con todas mis fuerzas hasta romperle un buen trozo de tela y dejarlo encarado hacia mí. Lo siguiente fue un aluvión de puñetazos, golpes dolorosos en todas las partes del cuerpo. Mi cuerpo no notaba nada, los golpes que recibía no me dolían, pero los que yo proporcionaba me sabían a gloria, más cada vez que escuchaba un gemido de dolor que salia de el. Ahora, la oscuridad era completa, la luz que antes parpadeaba en aquellas tinieblas se había perdido. No había razón, no había nada humano, todo era lucha, lucha cuyo final estaba impulsado por las voces salvajes que surgían del corazón de las tinieblas. La lucha fue larga e intensa. La sangre corría por mi cara, manos y brazos. No sabía de quien era, ni tampoco me importaba, lo único que sentía era que el tacto húmedo y caliente me incitaban más aún en aquel perverso y salvaje baile natural de la supervivencia, del triunfo. Al final, la ropa que antes cubría nuestros torsos estaba rota, destripada y destrozada, no quedaba nada civilizado en nuestras apariencias. El ultimo momento un codazo en su lado derecho del torso me libró de un final seguro, ya que sus garras se habían encerrado alrededor de mi cuello asfixiándome. Lo cogí por los hombros y con toda la fuerza que me quedaba lo levanté por los aires y lo tiré contra una de las paredes. Al caer al suelo le salté encima. Estaba aturdido, la cara llena de golpes, sangre, el pelo revuelto... Un ultimo golpe y todo habría acabado, todo... Pero, ahí tendido sobre el pecho de este individuo despreciable, reventado después de tales esfuerzos de permanecer en pie, apoyé mi mano izquierda sobre su pecho para así poder golpearle con la derecha, algo me bloqueó. La niebla de mi mente se iba esfumando y entre aquellos vapores oscuros pude divisar de nuevo aquella luz que parpadeaba. Era bonita, me calmaba, me hacia sentir raro. '¿Qué eres?' pregunte, como si la luz me fuera a contestar. De pronto me cuenta de que mi boca había articulado sonidos que yo entendía, palabras. La respuesta no vino, ¿o si? Lo único que es que bajo mi mano izquierda, empecé a notar con la palma un latido, el latido de él. Su corazón estaba vivo igual que el mio. Entonces le miré a la cara de nuevo y vi en su rostro mi reflejo, o amenos el reflejo que mi mente aun tenía sobre mi. El que estaba en el suelo era yo, o como yo. ¿Pero qué era yo, qué soy yo? Levanté la mirada y pude distinguir que estaba rodeado de otros. Nos miraban. En los rostros de ellos también veía mi cara. No sabía que ocurría. Miré de nuevo al que estaba en el suelo, sentí su corazón latir con vida y me asusté. Me levanté deprisa sin saber a donde ir ni que hacer. Me arranqué los trozos de camisa que me quedaban, miré a todos los que me observaban con asombro. Un aullido se iba apoderando de mis oídos, de mi cabeza y cada vez era más intenso, estridente y... seductor... Por mi boca salió un aullido igual de fuerte que el de mi cabeza y salí corriendo empujando la barrera de personas que había ante mi. Corrí, corrí como nunca antes, como un lobo salvaje detrás de la luna llena, algo me llamaba, algo pronunciaba mi nombre, alguien sabía quien era."

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